Esta entrevista la realicé con mi hermano Hernán en el año 2002. La ofrecimos en dos revistas que durante un par de años circularon en Córdoba y nunca la quisieron publicar. Y fue mejor así.--------------------------------------
LA VIDA EXAGERADA
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Con media hora de atraso Facundo Cabral sale a escena, toma el micrófono y dice: “Sepan ustedes que están ante un hombre libre y feliz”. 600 personas, en su mayoría ancianos, lo aplauden.
El día anterior, ha cumplido con una parte de su rito en Córdoba: la entrevista con Rony Vargas. Aguardamos en la puerta de LV3. Dentro, el reportaje se extiende por diversas formas de misticismo. Continuo oyendo y recuerdo la sentencia nietzcheana, ‘Dios ha muerto’. Si nos da la entrevista, no voy a preguntarle de Dios, me fatiga cuando hace lobby por él (altísimo). Mientras espero, me doy cuenta que es la primera vez que piso los pasillos de esta radio, tras un cristal se exhibe la programación de la emisora. El mármol, las luces, las letras en molde nombrando ‘Cadena 3’, me evocan alguna escena del Citizen Kane de Wells. Supongo que el recuerdo no es casual. Ahora, por los parlantes, la voz de Cabral habla de su propia muerte con un estoicismo tierno que no es resignación.
Ha pasado media hora, ha concluido la entrevista, por el pasillo vienen Cabral y su representante. Un cáncer de huesos ha restringido los movimientos de Cabral a pasos cortos y lentos. Lleva anteojos oscuros, y sus ojos, que durante dos años han sabido de la ceguera, apenas le permiten ver. Sin embargo, de no ser por el bastón, da la sensación de un hombre sano. No representa 66 años de edad. Lo abordamos, le pedimos la nota. Nos dice que sí. “No hay problema muchachos”. Por la noche toca en Villa María. “Pasen mañana por el hotel”; nos indica mientras ingresa, con dificultad, a una 4 x 4.
La clase media
“Nunca viví en el término medio. Por eso yo no tengo derecho a hablar ni de la familia ni de la política porque yo nunca fui clase media. Viví con los más miserables y con los mejores, tuve una vida absolutamente atípica: un tipo que nace en la calle y termina cantando invitado por Rainiero, un tipo que es analfabeto hasta los catorce años y termina cantando en Harvard. He conocido gente muy grande y muy baja y, en cambio, no he conocido a la gente normal. Nunca hice una familia pero me metía en el Calypso con Cocteau. ¿Sabes cuál es el hombre con el que más tiene que ver mi vida ?, con Henry Miller. De joven, lo leía muchísimo. Por supuesto, nos diferencia el hecho de que yo tengo mucho menos talento, sin embargo tengo más países. Lo fui a buscar varias veces a Missouri pero no lo pude conocer. Hay hazañas en mi vida de las que estoy orgulloso, Ray Bradbury conoció a Krishnamurti por mí, Bradbury tenía adoración por Krishnarmurti y Krishnarmurti no sabía quien era Bradbury porque no leía ficciones. Vinieron los dos a un concierto mío, yo los presenté y al otro día desayunamos en la casa de Bradbury con Krishnamurti. Alguna vez junté a Borges con Sábato, el otro día reconcilié a mi ahijado con su madre. Con orgullo puedo decir que muchísima gente se ha separado de su marido o de su esposa por mí, y me lo han dicho, una portorriqueña me dijo: “ Nunca voy a olvidar su último concierto señor Cabral ”, “ ¿ Por qué señora, tanto le gustó ? ”, “ Sí, me gustó el concierto, pero yo lo recuerdo porque usted me decidió a separarme de mi marido. Me separé al día siguiente y nunca voy a dejar de agradecérselo.” Eso es muy Milleriano.
Borges y Cabral
En el bar del hotel nadie conoce a Facundo Cabral. Algunas mesas más allá, almuerzan las nuevas incorporaciones de Belgrano. Los jugadores comen en silencio, unos miran la TV, otros miran de reojo al tipo al que le están haciendo la nota. Por puro azar, llevo conmigo un libro de Borges, ‘ El hacedor ’, Cabral lo ve y sonríe.
-Borges decía que había dos Borges, uno era el que daba entrevistas, al que le sucedían las cosas importantes y otro era el escritor, el hombre. En tu caso, ¿ ocurre algo similar ?
-No, yo soy el mismo y también él era el mismo solo que sabía sacarle partido literario a la situación. Faulkner sostenía que “ si metés la moral se acaba tu obra ”. Me gusta eso, el escritor tiene que estar libre, la moral te limita. Borges lo hacía porque era muy ingenioso. Además ¿ por qué condenar un hombre a la verdad ?, Borges era divertidísimo. Fuimos muy amigos, inmensamente amigos, si algo como eso se puede decir. Yo lo he visto lagrimear conmigo mientras le cantaba ‘ Pobre mi madre querida ’, ¡ Esa cosa tan simple a ese hombre tan sofisticado intelectualmente ! Yo cantaba “ pobre mi madre querida,/ cuando disgustos le doy,/ cuantas veces a escondidas,/ llorando triste y vencida en un rincón la encontraba ... ”. Lo he visto lagrimear con esa canción casi vulgar, me apretaba el brazo y me decía: “ Termínela, por favor, Cabral ”. Se emocionaba mucho. Yo lo amé, lo amo, vivo con él, todo el tiempo estoy con él ( saca del bolsillo de su campera el libro Conferencias, de Borges ). Tengo 17 poemas inéditos que me regaló, sólo yo los conozco, cuando muera los dejo en un lugar de la Argentina y en la Universidad de Columbia. Yo canto una cifra, “ Si el hombre es lo que ama ”, en la que enumero lo que soy a partir de lo que amo, es borgeana la idea, un día él me dijo: “ Si usted es lo que ama Cabral, usted recuerda poesía mía que yo ya he olvidado. Usted ama mis textos más que yo, hágame el favor, en el escritorio, en el primer cajón de arriba, mano izquierda, hay unos poemas. Por favor, lléveselos, usted los ama, yo no. Son suyos ”. 17 poemas inéditos que nadie conoce, ni María Kodama.
Cuando cita a Borges, Cabral imposta la voz, aferra la empuñadura de su bastón y hace una imitación fiel, exacta en temblor de la voz y en los movimientos de la cabeza. Toma un poco de vino, le pide un cigarro a su representante. Borges lo predispone a recordar.
-¿Cómo conociste a Borges?
-Yo lo veía pasar, todas las tardes, nos juntábamos en un barcito de diez mesas con Berni, con Marechal, con Mujica Lainez, con Piazzola, ¿ sabés lo que era ver pasar a Borges todos los días? Lo llevaba Fany, del brazo. Para mí pasaba Sócrates, y se interrumpía toda conversación. Yo, que soy de ir a buscar a la gente, no me animaba a saludarlo porque pensaba que iba a interrumpir su tránsito de evolución a la literatura. Cobardemente, en Roma, y digo cobardemente porque estaba muy lejos, hice un long play en homenaje a él. La RCA Victor me propuso grabar un disco, entonces yo, en lugar de canciones, - porque la gente siempre escuchó más lo que yo cuento y digo, mis canciones son muy secundarias -, les propuse grabar un texto hablado, no canciones, y ellos me dijeron: “ Cabral, no nos animábamos a decírselo pero nosotros también queríamos eso ” y grabé un long play que se llama, descaradamente, A Jorge Luis Borges. Empezaba diciendo: “ Nos une el mismo amor a Whitman, el mismo espejo, la eternidad y el movimiento, nos une la diferente manera de ver las mismas estrellas, el arco que somos, la flecha que es el verbo... ” fue un éxito en Europa. Paralelamente a eso Borges va a Inglaterra, año 1973, a Cambridge y a Oxford a dar una conferencias de literatura inglesa. Un crítico italiano fue de Roma a Inglaterra y le llevó el disco. Pasa un año. Vuelvo a Buenos Aires, voy caminando por la calle Lavalle y se me acerca un señor que me dice: “ Señor Cabral, yo soy el editor de Jorge Luis Borges, el maestro me pregunta siempre que es de su vida y que si lo veo por Buenos Aires le haga saber que lo quiere conocer ”. Yo que siempre estuve orgulloso de no tener miedo ese día tuve pánico. Ahí me di cuenta que había escuchado el disco y me sentí hasta un poco desilusionado de que Borges me escuche. Yo me decía, él escucha a Melville, a Conrad, a los viejos cuenteros de Las Mil y Una Noches, no a mí. Eran las diez de la mañana y el editor me dice “ ¿ Por qué no me acompaña al teléfono? ” Yo temblaba, llama a Borges: “ Maestro, estoy con Cabral ”. Y Borges le dice “ Pásemelo al teléfono ”. Tomé el teléfono, balbucee: “ Maestro ... ”. “ Señor Cabral, nos une el mismo amor a Whitman, el mismo espejo, la eternidad y el movimiento, ¿ cuando voy a tener el gusto de conocerlo ?”. Me preguntó: “ ¿A las siete le queda bien?, Maipú esquina... ”. Lo interrumpí: “ Sí maestro, sé donde vive usted ”. Sabía porque había subido muchas veces y no me animé a tocarle el timbre. Llegué quince minutos antes. No estaba. Sentado en un sillón, yo esperaba y pensaba, qué puedo hablar con Borges, me van a faltar vocablos, me va a faltar una buena sintaxis, me voy a quedar mudo, lo que en principio pasó. A las siete en punto llegó Borges. Abre Fany y me anuncia. “ Ah !, señor Cabral ”, me dice y me acerco, estrecho su mano y le digo algo que tenía que decir de una vez:“ Maestro, yo a usted lo amo ”. Nunca le había dicho algo semejante a un hombre. Y él, que era tan de tomar distancia, muy inglés, me dijo “ Señor Cabral, si me ama deme un abrazo, por favor ”, nos dimos un abrazo y sentí que estaba abrazando la inteligencia, sentí que abrazaba lo que quedó de la biblioteca de Alejandría. Me repitió: “ Nos une el mismo amor a Whitman... ”. Eran las siete de la tarde, me fui a las tres de la mañana. El primer día, ocho horas. Después de eso cuando yo llegaba a Ezeiza lo llamaba y el me decía “ Véngase a casa por favor ”, entonces yo le contaba el mundo y él me contaba, por ejemplo: “ Sí, Carriego venía los sábados a la tarde a conversar con mi padre ... ”. En ese época su madre aún vivía pero murió al poco tiempo. Yo estaba en México, me enteré por el noticiero y desde allí lo llamé, él me dijo “ Señor Cabral, ayer enterramos a una persona, pero hemos muerto dos ”.
Teresa, de Temperley
“ A la que más amé era de Temperley. Se llamaba Teresa y era de una promiscuidad extraordinaria. Le escribí como 250.000 canciones y la reencontré en Suecia y después en Ibiza donde finalmente se quedó. Se fue allí con un sueco obseso y conciso, un maniático sexual. Teresa solo quería fornicar y a mí eso me enamoró profundamente. Fue una de las mujeres más bellas que vi en mi vida. Yo podía pasarme horas mirando como se desnudaba y se bañaba. Me sentaba horas frente a la ducha y todavía hoy, a los 66 años no me olvido y la amo y me ama. Cada tanto la reencuentro en algún lugar, ya no hacemos el amor pero me dice “ ¿ querés verme ? ”. Hace dos años la vi por última vez, vino a las cinco, subimos dos cafés a la habitación, el de ella se enfrío. Caminaba, se desnudaba y yo gocé mucho de verla. Fue muy generosa conmigo”.
Cabral se calla un instante y agrega: “A mi edad me he convertido en un buen voyeur”.
Lo inverosímil
“Mi caso es raro porque mi vida suena a ficción y, sin embargo, es absolutamente real. Yo cometo el error, a causa de haber sido muy introvertido de joven, de ser demasiado extrovertido ahora. Ocurre que cuento todo, que muestro todo, entonces incurro en el riesgo de que suene fantástico lo que es absolutamente real. Una vez estaba junto a Borges y un señor muy importante de la literatura, cuyo nombre ahora no quiero recordar, me pregunto: “ Cabral, ¿ para cuándo la novela ? ”. Borges, que escuchaba, intervino: “ Estoy seguro que el señor Cabral nunca se va a rebajar a la novela porque su vida toda es una saga ”.
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El espacio que Cabral ocupa en el inconsciente colectivo se va adelgazando hasta el olvido. La gira que lo trae a Córdoba comenzó hace unos días. “ ¿ Cuántas personas había en La Plata ? ” – pregunta Cabral. Sentado a un costado, con los brazos cruzados, el representante le contesta: “ 142 ”. El gordo que lo representa tiene cara de sueño y un vaso de vino al lado.
- En alguna vieja grabación, decías: “ Ojalá pudiera llegar al Vaticano para decirle al Papa de turno: ¿ qué haces aquí adentro si los pobres están allá afuera ? ” ¿ Todavía le preguntarías lo mismo ?
-No, ya no. Y no digo que este arrepentido pero ahora no lo haría. ¿ Sabes a que me llevó la edad ? A respetar, si no me interesa lo tuyo sigo mi camino pero no me demoro en la agresión. Eso es uno de los males argentinos, y yo soy un producto netamente argentino, bueno... aunque no tanto como Moria Casán. La frase, además, no es mía, es de San Francisco y la pronunció en el Vaticano mientras lo echaban a patadas. Sin embargo, ahora no me metería con un hombre que representa a unos 500 millones de seres humanos en el mundo. Eso más allá de que esté de acuerdo o no, ¿ a quien carajo le importa si estás o no de acuerdo ? Eso es baladí, diría Borges, “ la opinión es baladí ”. Yo fui a decirle a Pinochet: “ Vengo a decirte lo mismo que le dijo Moisés al faraón, deja en libertad a mis hermanos ” y a los dos minutos estaba preso en un sótano del Palacio de la Moneda. Me enorgullezco de ese atrevimiento pero hoy no lo haría, hoy gozo la tranquilidad. Estuve demasiados años siendo un tipo muy guerrero, ahora trato de no herir. Un día, un periodista me dijo: “ Pero entonces usted perdió el fuego ”. No, antes mi fuego quemaba, ahora ilumina. No quiero colaborar con el odio, a mi me hizo mucho mal. Una de las causas de las enfermedades terminales es el rencor y yo lo primero que tuve fue un tumor en un testículo. Mirá que coincidencia, yo que fui gran fornicador. San Agustín dice: “No busques ni la verdad ni al culpable fuera de vos”.
-Sonás como alguien que esta convencido de todo.
-¡No! no estoy convencido, estoy excitado.
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En un capítulo de Los Simpsons, Bart camina por una calle de Springfield y tararea ‘No soy de aquí ni soy de allá’. Cabral recuerda ese capítulo y sonríe.
-Sin la música, sin la guitarra, ¿ hubieras sido Facundo Cabral ?
-No, no hubiese podido sacar de adentro todo lo que sentía. La música fue mi conciencia externa, me obligó a salir de la introversión. Amo la guitarra, cuando voy a un cuarto con dos camas, la mejor cama se la doy a la guitarra. Si no hubiera cantado se me hubieran muerto los amores adentro, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Y hoy sería un obeso, calvo, lleno de bronca y de odio a la vida, un resentido, casado con una imbécil y habría criado hijos idiotas y esperado las vacaciones para ir tres días a pescar a Santa Teresita con mucho odio.-